TEMA 9. GENERACIÓN DEL 98. PRINCIPALES AUTORES.

10.08.2010 18:52

GENERACIÓN DEL 98.

 

Antonio Machado (1875-1939)

 

        Su estilo se caracteriza por la presencia de símbolos, tales como la tarde o la fuente que encierran el concepto de tiempo.  La poesía de Antonio Machado gira en torno a unos temas principales:

                -  El tiempo, una gran preocupación para el autor. Crea distintos símbolos como la fuente, el reloj, el agua, el camino… A esto se une su mundo interior que está hecho de recuerdos, añoranzas, ensueños (mundos imaginarios creados por el deseo y la soledad).

                -  El paisaje es Castilla y es Andalucía, porque vivió en ambos lugares; son las gentes castellanas, su historia pasada y su vida presente. También es la realidad nacional vista con sentido crítico.

                -  El amor de su mujer hace que salga por algún tiempo de su soledad y ensimismamiento. Pero vuelve a ellos cuando Leonor muere.

                -  Dios, desde una doble perspectiva: por un lado, sufre una crisis de fe cuando muere Leonor; por otro, medita constantemente sobre la existencia de Dios. Así confesará estar “siempre buscando a Dios entre la niebla”.

 

        Entre sus obras en verso y con características modernistas escribió Soledades, galerías y otros poemas, perteneciente al modernismo simbolista. Trata aquí los temas del paso del tiempo, la melancolía, Dios y, sobre todo, la muerte, una constante en su obra.

 

        Con marcada influencia del 98 elaboró Campos de Castilla, donde encontramos descripciones subjetivas de paisajes y una actitud crítica (atraso, pobreza, denuncia de los problemas del país…). También dedica algunos poemas muy hermosos a Leonor, en las que a través del paisaje muestra su estado de ánimo.

 

        También escribió teatro: La Lola se va a los puertos; y prosa: Juan de Mairena y Abel Martín.

 

Miguel de Unamuno (1864-1936)

 

        Toda su obra está llena de preocupación y problemática filosófica; pero sin perder su valor literario. El autor siente una gran angustia ante la muerte y un deseo de vida eterna que permita al hombre seguir existiendo. El problema religioso y la búsqueda angustiada de Dios son un tema constante en su vida y en su obra.

        Su estilo no tiene un claro propósito artístico; es seco, robusto y no siempre elegante, pero extraordinariamente exacto e incitante. Le interesa expresar su mundo interior y convencer a los lectores, por ese orden. De ahí que su tono sea apasionado y que sus razonamientos no estén ordenados, sino en un continuo movimiento de vaivén. Su vehemencia hace que utilice cadenas de sinónimos como si con una sola palabra no bastara para expresar todo su complejo y rico mundo interior.

 

        Su producción literaria es muy extensa, utilizando todos los géneros literarios (novelas, poesías, ensayos, cuentos y dramas). Llamó a sus novelas “nivolas” porque la crítica negó que sus obras tuvieran carácter novelesco. Podemos hablar de tres momentos en su obra:

                1ª etapa. Padece una crisis religiosa con la que perdió la fe e inició sus conflictos religiosos y existenciales: Paz en la guerra.

                2ª etapa. Época de obsesión por el tema religioso. Los temas principales son la angustia, la lucha entre la razón y la fe y la preocupación por la inmortalidad.

                3ª etapa. Aquí se incluyen sus mejores novelas: Niebla, La tía Tula y San Manuel Bueno, mártir (1933).

 

José Martínez Ruiz, “Azorín” (1873-1967).

 

        Sintió profundamente los problemas de España y centró su atención en Castilla: sus pueblos, sus hombres, su paisaje y su pasado histórico y literario.

        Su estilo es muy personal, llamando poderosamente la atención su arte descriptivo. Es capaz de percibir los más mínimos e insólitos detalles de la realidad. Se vale de una técnica impresionista muy cercana a la utilizada por la pintura o por el cine, que consiste en seleccionar unos cuantos detalles significativos de lo que quiere describir para darnos, a través de ellos, la esencia íntima de la realidad descrita.

Su prosa, de estilo inconfundible, se caracteriza por una elegante, primorosa y elaborada sencillez. La sintaxis es simple: frases cortas, normalmente coordinadas o yuxtapuestas. El léxico, por el contrario, tiene gran riqueza y precisión.

 

        Destaca su producción novelística, en concreto sus tres novelas autobiográficas: La voluntad, Antonio Azorín y Las confesiones de un pequeño filósofo.

 

Pío Baroja (1872-1956)

 

        Baroja fue un hombre solitario, independiente y profundamente sincero. Su visión de la realidad española es amarga y pesimista, lo cual se refleja en sus obras, pero también se plasma su espíritu sensible lleno de humor y, a veces, de ternura. Critica claramente los vicios que aquejan a los españoles con una marcada intención reformista.

 

        Todas las obras de Baroja pertenecen al género narrativo: novelas, cuentos y narraciones cortas. Su estilo es vigoroso, dinámico y expresivo. Sus personajes suelen ser rebeldes, arrojados e intrépidos en contraste con su falta total de fe en el mundo y en la acción.

 

        Escribió sesenta y seis novelas además de otras narraciones. Entre ellas destacan: La busca, Mala hierba, Aurora roja, La casa de Aizgorri, El mayorazgo de Labraz, Zalacaín el aventurero, Camino de perfección.

 

Ramón María del Valle-Inclán

 

        Aunque estudiamos a Valle-Inclán dentro de la Generación del 98, no mostró ningún interés por muchos de los problemas ideológicos que preocuparon a los hombres de su generación. Sus preocupaciones son fundamentalmente estéticas.

 

        Cultivó todos los géneros literarios, pero destacó en la novela y en el teatro. Demostró el magnífico dominio que poseía sobre los recursos expresivos del idioma. Su estilo está marcado por dos etapas bien diferenciadas. Las obras de la primera están escritas en una prosa refinada y exquisita, llena de musicalidad y de sensaciones de color. La segunda se caracteriza por una visión pesimista de la realidad, que se expresa a través de un lenguaje desgarrado y de un humor deformante.

 

        Crea los esperpentos, obras en las que deformaba sistemáticamente la realidad mediante la creación de personajes grotescos que se mueven en ambientes raros y sorprendentes. Destacan Divinas palabras, Comedias bárbaras, Luces de bohemia, Tirano Banderas, y en poesía, El pasajero y La pipa de Kif.